Emmanuel Cerino

Bestiario

Una colección de personajes mitológicos que espero que crezca con el tiempo.

El Cazador de Mariposas

El cazador de mariposas, los días en que no caza, se va a pasear por las praderas y las mira, se pasa horas mirando.
De todos modos, siempre lleva su red, porque nunca está demás ir preparado.
No se preocupen, sólo hace caza deportiva. Las caza, las estudia, las admira, las ama, les dice algo lindo al oído, en ese idioma tan silencioso de las mariposas y luego las suelta.
Algunas vuelven y se quedan a vivir en su barba, porque le gustan mucho los poemas.
Otras, más salvajes, vuelven a los árboles y a los lomos de los caballos y elefantes, porque disfrutan más del aire fresco.

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Cazador de mariposas

El Bicho Pie

Y en las estanterías de este museo, antiguo como la magia misma, hay cientos de criaturas extrañas, algunas con más partes que las que intuiríamos correctas, otras con menos.
Pero de todas las especies allí conservadas, una sobresalía. Allí, congelado en la pose de sorpresa con la que lo capturaron, allí, en esa vitrina, había un bicho pie.
Llamado así -también- por sus grandes extremidades inferiores, el bicho pie tiene la particularidad de aferrarse a los tobillos de su presa con una tenacidad pétrea. Para ello cuenta con dos brazos muy largos y dedos fuertes y ásperos.

Lo más interesante de todo es que quien lo llevase en sus tobillos, no podría notar su presencia, debido al suave (pero efectivo) agarre que sus brazos le permiten realizar.
Uno sólo podría notarlo al bajar la mirada y observarse detenidamente el pie. Pero debido al gusto que esta especie ha desarrollado por la velocidad, generalmente pasan desapercibidos.
No se conoce efecto secundario alguno del contacto con un bicho pie. Solo les interesa que los lleven de algún lugar a otro, y como la gente que corre rápido generalmente viaja apurada -y por consiguiente no presta mucha atención a sus pies, sino a lo que está por delante-, casi nunca son descubiertos.

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Bicho Pie

El fotófago

“¿Es partícula?… ¿Es onda?” piensa el fotófago mientras engulle su delicioso bocadillo.
Cientos de ojos coronan su cabeza, órganos destinados a la tristeza ya que una vez que el fotófago haya terminado la tarea para la cual apareció en este mundo; dueño de unos ojos perfectamente capaces de ver, en un mundo donde él mismo habrá deglutido hasta el último haz de luz, habrá oscuridad.
Terrible manjar, incontrolable apetencia. Su falta de masa hace que los fotones nunca sacien su apetito. Como si el aire tuviese sabor a chocolate.
El fotófago nunca se sentirá satisfecho y cuando haya terminado su tarea se sentará a ver nada, a engullir nada.

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Fotófago

El Gatomago

Gatomago

Gatomago

“La pandilla está completa”

La pandilla está completa

La pandilla está completa

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